Modelos de flauta dulce de plástico recomendados

Esta guía está dirigida tanto a los maestros y maestras que usen la flauta de pico (o flauta dulce) en la escuela como al profesorado de conservatorio, esperando que resulte útil a la hora de recomendar la adquisición de flautas para su uso en el aula. Contiene información que complementa a un artículo publicado anteriormente (véase más abajo el apartado sobre el contexto de este artículo), y detalla los modelos de flautas de plástico que solemos recomendar en los conservatorios profesionales y superiores:

Flauta soprano de plástico Yamaha YRS-302BIII

Flauta soprano de plástico Yamaha YRS-302BIII

1. Flauta dulce soprano de plástico. Modelo recomendado: Yamaha YRS-302BIII, inspirado en Rottenburgh (negra con molduras blancas, 18 € aprox.). Alternativas coloreadas: YRS-312BIII (imitación madera de palo de rosa, 23 € aprox.) y YRS-314BIII (imitación madera de ébano, 23 € aprox.). Otras opciones: marca Zen-On modelo Stanesby 150B (45 € aprox.); y marca Aulos modelo 703W, inspirada en Haka (70 € aprox.)

2. Flauta dulce alto de plástico. Como excepción, y solo para el modelo de flauta alto de plástico, recomendamos la marca Zen-On, concretamente el modelo Bressan alto 1500B (negra con molduras blancas, sin colorear, 70 € aprox.). Según el fabricante, está diseñada por el prestigioso lutier artesanal de flautas de pico Friedrich von Huene y Kodo Uesugi, y “es la primera versión en plástico de los refinados instrumentos barrocos construidos por Bressan. La avanzada técnica de Zen-On en la construción de moldes ha hecho posible el montaje de este modelo con mayor precisión que muchos instrumentos de madera”. También existe una variante coloreada (de plástico beteado) de este modelo (Zen On 1500BO, aproximadamente 72 €) que aunque visualmente es muy atractiva, tiene los mismos problemas de durabilidad que describimos más abajo. Si este modelo no estuviera disponible en tu punto de venta habitual, el modelo de plástico de la marca Yamaha que recomendamos es el YRA-302BIII (negra con molduras blancas, 29 € aprox.), o sus alternativas coloreadas: YRA-312BIII (imitación madera de palo de rosa, 35 € aprox.) y YRA-314BIII (imitación madera de ébano, 39 € aprox.).

3. Flauta dulce tenor de plástico: Yamaha modelo YRT-304BII (89 € aprox.)

4. Flauta dulce bajo de plástico: Yamaha modelo YRB-302BII (285 € aprox.)

Yamaha YRB-302BII - Flauta dulce bajo en Fa

Yamaha YRB-302BII – Flauta bajo en Fa

Como puede verse, para todos los tamaños de flauta de plástico recomendamos la marca Yamaha, aunque en el caso de la flauta alto preferimos la marca Zen-On, siendo el modelo de Yamaha también recomendable. En el caso de las flautas de plástico soprano y alto de ambas marcas, existen variantes con una capa de color que imita la madera y que, aunque funcionan igual de bien que el modelo recomendado (negro y blanco) ya que simplemente se diferencian en el color, y están muy conseguidas estéticamente, a la larga resultan menos duraderas, debido a que la capa de color no es demasiado resistente al uso intensivo y al paso del tiempo.


Otras recomendaciones:

Digitación: deben evitarse las flautas con digitación alemana y comprar en su lugar las de digitación barroca (que en realidad es más exacto llamarlas de digitación inglesa).

Digitación alemana (no recomendada)

Digitación alemana (no recomendada)

Digitación barroca (recomendada)

Digitación barroca (recomendada)

Una forma rápida de diferenciarlas es fijándonos en los agujeros tercero y cuarto desde abajo, que están invertidos en cada sistema. Las flautas de digitación alemana tienen el cuarto agujero por abajo más grande que el tercero, y con las de digitación barroca sucede lo contrario, tienen el tercer agujero contando desde abajo mayor que el cuarto.

Canal de aire: preferimos las flautas de plástico que tengan el canal de aire curvo en lugar de recto, y por último, debemos intentar comprarlas en tiendas de instrumentos musicales en lugar de en tiendas tipo todo a 1 €, supermercados y similares.

Canal de aire recto (no recomendado)

Canal de aire recto (no recomendado)

Canal de aire curvo (recomendado)

Canal de aire curvo (recomendado)


→ Actualización del 19-8-14

Otros modelos de flautas de plástico más baratos: entre 8 y 13 €

¿18 € aún resulta demasiado caro? La profesora de flauta de pico Silvia Rodríguez del conservatorio Gonzalo Martín Tenllado de Málaga, ha dejado un interesante comentario con una lista de flautas entre 8 y 13 €, y aún más baratas. Podéis consultarlo más abajo en la sección de comentarios.


Contexto de este artículo

En un reciente artículo publicado en esta web sobre el desconocimiento por buena parte de la sociedad actual del rico pasado histórico y de la vertiente profesional de la flauta de pico o flauta dulce, se menciona la versión plástica actual del instrumento, advirtiendo de la mala calidad de muchas de estas flautas (la mayoría pero no todas), que por lo general se adquieren en establecimientos de la más diversa índole, desde supermercados a papelerías pasando por tiendas del tipo todo a 1 €. El artículo no ha dejado de circular desde entonces por las redes sociales (desde aquí la enhorabuena a su autora, Alba Berdiel); ha suscitado cierta polémica por parte de algún músico profesional (bueno, solo dos) que, vigilantes ante la posibilidad de que se le regale a la flauta el menor protagonismo de más en la Historia de la Música, lo han interpretado como si éste tuviera tal fin, dedicándole miles de palabras en una red social con las consiguientes horas de su preciado tiempo necesarias para redactarlas; e incluso ha sido publicado (gracias a nuestro uso de licencias libres), con el consiguiente aumento en su difusión, en la web musicaantigua.com. Lo que le faltó al artículo en el momento de su publicación fue una lista de recomendaciones de modelos de flautas de plástico que pudiera resultar útil para quienes hagan uso de ellas en un contexto tanto escolar como profesional.

Efectivamente, las flautas de plástico no son, por definición, el demonio, como casi sugiere el titular escogido por quien anónimamente ha publicado el artículo en musicaantigua.com. El titular usa mis propias palabras, pero debo aclarar que se refieren a las flautas de plástico de alrededor de 1 € que distribuyen supermercados y centros comerciales no especializados, no a la flauta de plástico por definición. Es cierto que incluso las flautas de 1 €, con todas sus imperfecciones, pueden cumplir una función fantástica en contextos educativos que lamentablemente cuenten con escaso o nulo presupuesto económico, pero con una inversión ligeramente superior de alrededor de 15 € por flauta se pueden encontrar flautas de plástico soprano bien fabricadas y de mucha mayor calidad.

Las flautas de plástico pueden tener un valor importante en el caso de principiantes, pero también en el de flautistas profesionales, que suelen darle un uso principalmente como instrumento auxiliar o de estudio. Como ya he dicho, existen flautas de plástico de muy buena calidad en el mercado, accesibles y fáciles de encontrar en cualquier tienda de instrumentos musicales. En algunos aspectos son incluso mejores que muchos de los modelos intermedios de madera, y en ocasiones pueden superar a las construidas por los lutieres artesanales menos dotados en aspectos concretos como la afinación, dándose la paradoja de que una flauta alto de plástico Yamaha o Zen-On de unos 50 € puede estar mejor afinada que una flauta artesanal de madera de unos 800 €.

Espero haber aclarado que el artículo sobre el desconocimiento de la flauta no pretendía criticar a todas las flautas de plástico en general, algo que no estaba suficientemente claro y matizado en la redacción inicial, por lo que lo hemos editado y actualizado, además de publicar este nuevo artículo. Creo que confusiones como éstas son un ejemplo de lo difícil que es escribir, y especialmente con la finalidad de hacer divulgación. Una de las cosas por las que resulta tan difícil es porque para hacerlo correctamente es necesario que los profesionales nos expresemos de forma clara, inequívoca e inteligible para el gran público, ya que cuando nosotros leemos este tipo de textos sobreentendemos una cantidad de información enorme, que es justamente la misma que a veces ignora el público no especializado, de ahí tanto malentendido.

Espero también que esta lista de recomendaciones anime a maestros y maestras, profesorado y padres y madres a adquirir y recomendar el modelo de flauta soprano de plástico de aproximadamente 15 € mencionado (Yamaha YRS-302BIII), y ayude a erradicar, cuando sea posible, las problemáticas flautas de plástico de digitación alemana de alrededor de 1 € que suelen encontrarse hoy en las aulas.

→ Más información relacionada con este artículo en este enlace.

14 pensamientos en “Modelos de flauta dulce de plástico recomendados

  1. Pingback: La flauta de plástico: “un engendro maligno con pésimos resultados sonoros y musicales” « MusicaAntigua.com

  2. Buena y pertinente recomendación, Vicente, y más en estas fechas. Solo con que se consiguiera en colegios e institutos que los niños compraran una flauta digna y que articularan con la lengua cada nota, el oído de la próxima generación de españoles ganaría mucho. Otra ventaja de pasarse a la digitación barroca y las yamahas (y no despreciable) es que todo el alumnado compra la misma, con beneficios enormes para la afinación del grupo, tantas veces insufrible.

    Como han dicho en Facebook, el supuesto problema de la horquilla del fa se supera fácilmente empezando por sol mayor. Además así creo que se usan tesituras más cómodas para principiantes (¿¿empezar por el do grave??).

    Saludos
    JR

  3. Hola Vicente, gracias por la información. Estuve a punto de escribir algo parecido a raíz de una conversación mantenida con profesores de música de primaria y secundaria en la que decían literalmente que la flauta escolar les daba “urticaria”. En realidad me preocupa más el desconocimiento de otras alternativas de flautas en el colegio e instituto más que en el conservatorio. Me hubiese gustado explicarles (no tuve ocasión) por qué es mejor la digitación barroca (inglesa) que la alemana y además informarles de que hay flautas de plástico de digitación barroca muy baratas, pues hoy en día 15 € es inasumible en centros escolares de cara a los alumnos más desfavorecidos (me lo decían ellos). La más barata del mercado (que yo conozca) soprano de digitacion barroca es la Yamaha YRS-20B (entre 8 y 13 €), es transparente de colores: verde, azul, rosa, violeta. Este modelo es claramente peor que el que recomiendas tú de 15 € pero quizás sea la mejor alternativa escolar, pues en grandes cantidades se puede conseguir por 4 o 5 €. Que sean de colores y transparentes a los niños les gusta y las distintas piezas de la flauta son intercambiables de un color a otro, bloque incluido, por lo que se pueden hacer una flauta de colorines (insisto en la perspectiva del niño, no del adulto). Estas flautas son las que utiliza Marco (perdonad, no me acuerdo ahora de su apellido) en el cole/instituto en el que trabaja en Madrid. Para el conservatorio (también para el cole, quien pueda claro) es mejor la Yamaha de 15 € que recomiendas tú, claro. Justo ahora buscando, veo en internet que las hay parecidas a la Yamaha de colores YRS-20B de la marca Canto por 3,16 € y Tudor Candy Apple Soprano Recorders por 4,74 €, si la foto no engaña son barrocas, pero no las conozco, no tengo ni idea de su calidad… solo que las acabo de ver. Otra cosa, los profesores de música de primaria y secundaria suelen ser bastante reacios a la digitacion barroca, por la dificultad del fa natural de horquilla (dicen). Lo primero que diría yo es que no subestimemos a los niños, no es tan difícil y que, en cualquier caso, es más lógico que no usen esa nota al principio y se seleccionen canciones con el fa# antes que con el fa natural. Para finalizar, y aunque el tema de éste artículo de Vicente trata solo del instrumento en sí, creo que profesores de primaria y secundaria de música junto con los de conservatorio debemos aliarnos para poder aprender unos de otros en dos contextos muy distintos pero que al fin y al cabo pretenden un mismo fin, que no es otro que el de la educación. Animo a las facultades de magisterio y a colegios e institutos a invitar a especialistas para que puedan ofrecer una realidad más profunda del instrumento. También animo a los profesores de primaria y secundaria que puedan, a acercarse a los conservatorios donde se imparte la especialidad, en Andalucía solo hay la especialidad en Sevilla, Cádiz y Málaga. Estas recomendaciones tienen como objetivo dar a conocer la realidad de este instrumento (técnica, repertorio, historia, pedagogía etc). Cuando conoces a tu enemigo quizás se acabe la urticaria… Para el que no pueda acercarse a un conservatorio o consultar con un especialista, simplemente entrando en youtube encontrarán muchas buenas sorpresas.. ojo, que hay de todo.. Así mismo animo a los flautistas de pico, empezando por mi misma, a realizar un acercamiento tanto a las universidades, como a profesores, alumnos que después serán profesores y a los escolares, con el fin de realizar una labor de difusión y mejor conocimiento de la flauta de pico. Sin duda el enriquecimiento se daría en ambos sentidos.
    Me gustaría que este artículo y sus comentarios pudiesen llegar a los profesores de música de primaria y secundaria.. si alguien me puede ayudar se agradece. En cualquier caso investigaré.

      • Me alegra que alguien haga esa pregunta. Para mí entran dentro del grupo de las que, como comento en el artículo, incluso “con todas sus imperfecciones, pueden cumplir una función fantástica en contextos educativos que lamentablemente cuenten con escaso o nulo presupuesto económico”. Fuera de ese contexto, y si se me pregunta únicamente por la calidad de las mismas, creo que lo único positivo que puedo decir de ellas es que hay flautas de plástico aún peores. Diría también que son a la flauta lo que un avión de papel a la aeronáutica, pero prefiero dejarlo en manos de Guillermo Peñalver, mi querido ex profesor de flauta del conservatorio de Sevilla (hoy profesor de traverso en el conservatorio superior de Madrid), que les dedicó, ya en 1995, una entrada en su breve —aunque sin desperdicio— “Glosario alternativo” sobre la flauta publicado en la por desgracia hoy extinta Revista de Flauta de Pico (n. 3, sept. de 1995, p. 30):

        Hohner, marca de flauta. Está considerado un instrumento pésimo. Simboliza la nulidad y el fracaso flautísticos. El señor Hohner es multimillonario.

  4. Hola. Les escribe desde la trinchera un profesor de instituto. Aprecio y respeto mucho las indicaciones, y vaya por delante mi tono cordial, que el blog es genial y me trae muchos recuerdos del conservatorio en el que me crié. Además, confieso que ya no tengo las cosas tan claras como antes, pero me gustaría, humildemente, que tampoco se tuvieran tan claras desde el otro lado…

    Evidentemente las flautas que mencionáis son mejores desde un punto de vista objetivo y ciñéndonos al instrumento en sí; no pretendo discutiros eso. Ahora bien, desde la trinchera os aseguro que hay que afrontar ciertas cosas con cierto realismo:

    -La pecunia

    Trabajo en una de las regiones y una de las provincias con más paro de toda Europa. Lo mío quizás es un caso radical, pero en los otros cuatro institutos en los que he trabajado la situación no es muy diferente. Los hay en los que la situación es mucho peor, y por descontado no creo que sea una situación exclusiva mi comunidad autónoma.

    A lo que voy: os aseguro que los padres y madres de mis alumnos notarán más la diferencia de euros que la de timbre. Por mucho que el modelo Hohnner de plástico sea terrorífico, lo cierto es que suele encontrarse por menos de la mitad de quince euros.

    A muchos les parecerá una grosería que algunos lleven móviles de última generación. Otros pensarán como Teófila Martínez y despreciarán que usen twitter siendo pobres. Pero insisto, seamos realistas, sus prioridades (las de padres y madres) son otras, no una flauta de quince euros.

    Y no, no todos llevan móviles de última generación. Hay chiquillos con los dos padres en paro, otros están en constante amenaza de desahucio, otros no tienen ni para un cuaderno. Y dejemos a un lado la posible desestructuración familiar que en muchos casos se suma a la tragedia.

    En mi caso ni les pido que hagan fotocopias. Se encarga a duras penas el presupuesto de mi departamento. Tienen derecho a recibir una educación gratuita, y deberían tenerlo también a una flauta de 15 euros. Y, aunque yo en particular no uso libro de texto, debo decir que en Andalucía se mantienen gratuitos (aunque otra cosa es la mafia de los cuadernillos aparte, que sí se cobran).

    Si ya nos cuesta lo indecible que compren una flauta barata, nos costaría el doble pedir un modelo concreto. Podríamos estar el año entero esperando a que las compraran, y ni con el año entero las comprarían todos. Pregúntenle a los compañeros de Plástica lo que ocurre cuando se les pide materiales caros a los chicos…

    Quisiera saber cómo obtener las flautas transparentes a 4 o 5 euros. Está claro que el profesor debería hacer una colecta y encargarse él mismo de comprarlas, y está claro que el precio podría variar de año en año. También, que muchos chavales no traerían el dinero durante los primeros días de curso, y que entonces tal vez la oferta que me hicieran acabara por encarecerse. No sé, solo veo complicaciones…

    -Las prioridades educativas

    Acuérdense que el ambiente en un conservatorio un día cualquiera no es el de una clase de un grupo de niños de doce o trece años, algunos realmente conflictivos, digamos un viernes a última hora de la mañana y en un aula sin aire acondicionado con la ratio deseable ampliamente superada. Yo he estado en la vergonzosa situación de tener a un alumno a un metro y, sencillamente, no escuchar siquiera el sonido diabólico de su diabólica Honner. Son situaciones que no deberían darse, pero se dan. Y la labor del profesor de secundaria, antes que enseñar música, es fomentar valores. Llega un momento en que el problema no es “hay que ver qué fea suena esa flauta”, sino cambiar el chip y tener otras prioridades…

    … Y es que en secundaria no estamos para crear músicos profesionales, sino para ayudar en lo posible a desarrollar ciudadanos y personas. Para mí es mucho más satisfactorio, por ejemplo, lograr que un grupo de chavales toquen a la vez y colaborando entre sí, que ese día el único ruido que haya sea el de sus flautas y, en todo caso, el de la clase de al lado… que el hecho de que toquen errando notas sueltas o no, con un timbre más o menos bonito. O que sean capaces de subirse a la tarima del salón de actos para tocar delante de sus compañeros. O que simplemente conozcan una nueva melodía al margen de las consumistas y, sutilmente, logre en ellos cierta semillita de autonomía personal (frente a la música o frente a las marcas de ropa, que viene a ser lo mismo).

    Quien luego quiera dedicarse a la música (o a la flauta en particular), contará con mi recomendación de esta entrada y de esos modelos, no les quepa duda.

    -El pensamiento abstracto

    Y una mención especial en defensa de la digitación alemana. Por lo dicho en el apartado anterior, nos da igual la precisión con la que suene cada nota. Para empezar, ni de lejos solemos usar todas las que una flauta dulce es capaz de dar. Y el fa natural lo usamos desde el primer día…

    Pero en fin, esta es la parte menos importante y la que menos trabajo costaría asumir. Eso sí, os recuerdo que hay muchos alumnos con serios discapacidades psicomotrices y cognitivas, y que la lógica de la digitación alemana es aplastante al respecto de las siete primeras notas naturales (que son las usamos en clase en el 90 por ciento de las ocasiones).

    ***

    El problema de la educación musical no son los modelos de las flautas: es la ratio, el número de horas, el habitual desprecio de la asignatura, el paro, la incultura musical, el consumismo, la uniformidad, etc. Lo de la flauta es solo la punta del iceberg. Ojalá tuviéramos xilófonos para todos, órganos eléctricos para todos, ordenadores (decentes) para todos, conexiones a Internet para todos. Y ojalá la ratio fuera menor y las horas fueran más, que a la religión no se le llamase asignatura y que los propios padres no fomentaran el desapego por nuestra asignatura. Ojalá que se portaran además de maravilla y los padres pudieran dedicarse mejor a sus hijos, no trabajar hasta reventar por cuatro duros o, sencillamente, no trabajar nada. Y que 15 euros no parecieran muchos euros. Ojalá que los alumnos que necesitaran atención exclusiva pudieran recibir atención exclusiva. O que los profesores no estuviéramos pendientes de que se lancen petardos o naranjazos en un aula (casos reales sin salir de mi centro).

    Después ya tendríamos el lujo de ponernos tiquismiquis con las flautas.

    • Pablo, si desde ningún extremo (que creo que serían la escuela por un lado y el conservatorio superior por otro) tenemos las cosas claras, ¿quién las va a tener? Mal. Otra cosa es que podamos o no aplicarlas, pero de eso no va el artículo. Gracias por compartir tu experiencia, que será la de muchos maestros de primaria y la de muchos profesores de instituto. Pero si vuestra labor es fomentar valores, como bien dices, la nuestra es la misma y además enseñar música, y a un nivel que les permita desenvolverse como futuros profesionales (independientemente de que luego decidan uno u otro camino), lo que naturalmente incluye asegurarnos de que la flauta no suene mal y formarlos para minimizar la cantidad de notas erradas, detalles que seguro nunca le parecerán “tiquismiquis” al futuro público que pague una entrada para escucharlos.

      Como puede apreciarse, hablamos de contextos diferentes, cada cual con sus objetivos, prioridades y obligaciones. Eso es lógico y no es el tema ni de este artículo ni del anterior, por lo que, simplemente, no creo que sea éste el lugar para ese importante debate. Y que nadie piense que su papel es el único difícil y que en los conservatorios todo es maravilloso: el conservatorio superior, que es la realidad que mejor conozco y desde la cual se enfocan los artículos que aparecen en esta web (que no olvidemos que es la de mi asignatura) es una etapa en la que el instante en el que el alumnado va a comenzar a tener que ganarse el pan está a la vuelta de la esquina, lo que, como podréis imaginar, conlleva una responsabilidad enorme por parte de alumnado y profesorado, y el trabajo a realizar, o es duro y serio por parte de los dos, o apenas servirá para su principal propósito. Es una enseñanza que no tiene carácter obligatorio, ni por supuesto nada de casual ni de pasatiempo, sino de sacrificio, trabajo duro, madurez y vocación, cualidades que en la sociedad actual difícilmente se valoran, y no son demasiado comunes en alguien que ronde los veinte años (aunque afortunadamente conozco muchos casos), lo que la hace aún más difícil. Y aunque suene duro, aporta una satisfacción personal enorme que suele incluso superar las expectativas del propio músico, además de producir un valor tan apreciado y necesario para la sociedad como es el de escuchar música interpretada por buenos intérpretes, lo que claramente justifica ese sacrificio.

      La información del artículo está ahí para quien quiera y pueda usarla. No creo que sea necesario que quien no pueda seguir estas recomendaciones, por las características de su contexto social o educativo, se sienta obligado a justificarlo, ya que es algo comprensible. Creo que está claro que el objetivo de ninguno de los dos artículos ha sido nunca solucionar el “problema de la educación musical”, simplemente dar una información clara, objetiva y experta sobre las flautas de plástico. Y no, la digitación alemana no es defendible por mucha lógica que se le encuentre. En eso estoy con Silvia, no subestimemos la capacidad de aprendizaje de los niños, y si hay algún caso de discapacidad donde nos parezca que la supuesta simplificación de la digitación alemana puede marcar la diferencia, adelante. Y en el caso de los más mayores, una de las cosas que ningún adolescente de instituto querrá jamás es sentirse ridículo, y con una herramienta ridícula en sus manos lo tiene fácil. Las Hohner, ciertamente, desde un punto de vista técnico, lo son, y este artículo es un intento de aportar alternativas concretas que puedan cambiar esa realidad por un máximo de 15 €. Quizá la solución en los niveles educativos iniciales sería, ya que es un instrumento tan presente en las aulas, que la Junta las comprara igual que compra el mobiliario básico (y en algunos casos ordenadores y similares). Seguro que en esas cantidades al por mayor conseguirían un precio que dudo mucho haga tambalear sus presupuestos. Pero insisto en que es un debate diferente que va más allá del objetivo de este artículo.

  5. Vicente, me parece muy interesante tu blog. Pablo, te doy toda la razón. En la escuela/ los institutos ya nos podemos pegar con un canto en los dientes con que el 70% del alumnado nos traigan el material a esa ridícula clase a la semana (yo siempre les digo: si voy a la piscina no se me olvida el bañador), con que aquella partitura de 20 compases la hayan “mirado” en casa, sin que “se lo haya prohibido su padre” porque no le dejaba ver el futbol en paz (¿¿por qué no le prohibirá saberse las tablas o el abecedario??). La lucha es constante.

      • En respuesta a “Al unísono”: yo he tenido una alumna que, aparte de tener que alejarse de las plantas de su casa cuando tenía la regla (¿podrá la gente hacerse a la idea de tener que dar clase en la Edad Media?) pues tenía que salir… ¡a la calle! para tocar la flauta (por cierto que tampoco le dejaban coger apenas el ordenador; a su hermano masculino sí, a propósito).

        Y a Vicente, perdona haber tardado tanto en responder. Sin ánimo de ser pesado, al menos te respondo bien…

        Pues bien, reconozco que ya me lo voy pensando. Eso sí, a finales del verano me replanteo mucho el enfoque de mis clases pero suelo pecar de idealista, que luego vuelvo a toparme de bruces con el panorama, pero bueno. Así que no te garantizo nada, pero insisto, ya al menos no lo tengo tan claro.

        Quiero resaltar que en secundaria no estamos solamente “tocando la flauta” (y en el sentido peyorativo que la sociedad atribuye a esa expresión), sino que muchos también nos proponemos presentar, además de actividades volcadas en la interpretación, contenidos centrados en la audición (historia de la música, distinción de de estilos, de instrumentos, de estructuras formales, fomento de autonomía en el gusto, reconocimiento del entorno sonoro, etc.).

        Y ahí ya ni te cuento el idealismo que nos hace falta. La asignatura no solo no tiene horario suficiente, tampoco tiene reconocimiento alguno. Es el único momento en la educación obligatoria de este país en el que escucharán alguna vez hablar de Mozart o de los Beatles, pero tenemos que hacerlo corriendo y con una apatía demoledora (y no entraré en detalles sobre las dificultades de repartir audiciones entre alumnos sin Internet, de luchar contra el prejuicio de lo antiguo entre edades tan inyectadas de consumismo, de ciertos padres que te dicen que deberías dar ante todo reguetón, o de directores que creen que tu único y más importante cometido es organizar villancicos en un centro supuestamente laico).

        Volviendo a la flauta, ni siquiera es parte obligatoria del temario, que la interpretación instrumental se podría hacer con cualquier otro instrumento. Eso sí, cualquier otro instrumento suele comportar problemas muy serios de tamaño, cuidado, psicomotricidad, accesibilidad a su compra (aquí no me refiero al precio)… y precio.

        No es casualidad que la más barata y accesible flauta soprano de plástico se haya hecho con un lugar en las clases. Y es indudable que jamás habrían llegado a ese lugar sin el invento de la digitación alemana y con el precio inasumible de una flauta artesanal.

        Diría que en España su generalización se activó bastante desde que la ESO pasó a impartir dos cursos que antes eran de primaria; los profesores de secundaria se vieron en la necesidad de reciclarse para atender edades más tempranas y niveles muy diferentes, y el referente fue el hecho de que muchos llegaran a la primera clase de primero de ESO con una flauta bajo el brazo.

        Además, las nuevas generaciones de maestros de música en primaria (cuya especialidad se ha ido asentando con los años) empezaron a aplicar lo que habían estudiado en la universidad, y ya sabemos el peso mundial que ha tenido siempre la flauta dulce en la pedagogía musical. Súmese también la enorme red de intercambio de partituras y tutoriales (en digitación alemana) que ya tenemos montada muchos profesores gracias a Internet. Pero bueno, como dije en mi anterior mensaje, eso sería lo de menos: estoy seguro de que lo que ganaríamos en afinación compensaría el echar de menos “la lógica” de la alemana.

        También se intentó con los xilófonos de Orff y compañía, ideal muy noble, pero con trabas mayores (a pesar de que todas las aulas en Andalucía disponen de cinco o seis, los alumnos son muchos, si no los metes bajo llave pues algunos los rompen sin piedad, no se los pueden llevar a casa, tienen serios problemas para compartirlos en clase, apenas entonces hay tiempo para practicar, etc.).

        Creo que deberías dirigir un escrito a la Junta, desde tu voz privilegiada, y compartir con ellos lo de la posibilidad de financiación, que me parece muy interesante. Es ahora además un momento clave, que se avecina otra revisión de temarios a costa de la maldita LOMCE.

        Se podría promover un acceso subvencionado desde primaria, y que las conserven toda su vida escolar. Otra de las cosas que más obstaculizan en secundaria el abandono de la digitación alemana es que pueden ya venir desde primaria acostumbrados… Por tanto, también podrías dirigir el escrito a las facultades de magisterio musical.

        Si te dicen que no hay dinero, diles que vendan el maldito bombo que no falta en ningún aula (sinceramente, no sé quién hizo dinero con eso, pero ya le vale la ocurrencia).

        Y diles de paso que no se lo vayan a gastar en lo de los conciertos didácticos de flamenco por narices, que hay muchos más estilos (también andaluces, si es de lo que se trata) y muchos músicos profesionales que ahora van a ver reducida su cuota de bolo de instituto… (sobre todo si termina dependiendo del presupuesto anual de los departamentos, que apenas suele dar, precisamente, para uno en todo el año). Visítese, al respecto, http://goo.gl/Qot7BN

        Como ves, cada vez me tienes más abierto. Lo que pretendía no era confirmar el tópico que puede haber acerca del profesorado de secundaria o primaria, ya sabes, reticente por pura comodidad, agarrado a la flauta de siempre; quería antes dar la impresión de que renunciar a las flautas que se pueden adquirir más fácilmente (y tocar más fácilmente) es algo más delicado de lo que pudiera parecer sin verlo desde “la trinchera”.

        De hecho, el verdadero problema de la educación es que, sin previas condiciones educativas más dignas, apenas podemos permitirnos el lujo del detalle; cuando el problema está en las raíces, el color de la flor es lo menos urgente (dicho así queda mejor, que no quise ser ofensivo con lo de “ser tiquismiquis” 🙂

        Y por descontado que a los conservatorios también habrán llegado las consecuencias de esta desidia cultural que nos asuela…

        Como prueba de mi interés y para ir moviendo ficha, quería preguntarte por este modelo, que recientemente ha mejorado de precio:
        http://goo.gl/IE4sko

        Pero no puedo evitar la curiosidad de ser provocador 😉 y preguntarte por la Hohner “alemana” de madera (también hay una que es medio de madera y medio de plástico). La de madera es la que yo llevo en el aula; creo humildemente que, aun con su digitación alemana, suena bastante más tierna al oído (que lo de “dulce”, con las de plástico, se ha vuelto una cruel ironía). La mixta igual se inventó para que los niños echasen sus babas en boquillas de plástico, pero manteniendo un timbre más de madera. Ahora bien, lo cierto es que son más caras que las que proponías (20 euros la de madera, 30 la mixta).

        Eso sí, igual el recomendarlas (sin obligación) supone mejorar el sonido aun conservando la digitación alemana tan defendida por los profesores y maestros (y por la que yo mismo sigo blandiendo la espada para el contexto concreto en el que nos movemos). Y siempre podríamos admitir que quienes no pudieran permitírselas siguieran tocando con la barata (cuyas ventajas, más que ser baratas o tenerlas desde primaria, es que no hay que ir a comprarlas a una tienda de música que igual ni hay en tal pueblo, ni encargarla tú por catálogo y luego hacer cuentas con niños… es que ni imaginas lo difícil y arriesgado que es todo eso).

        Espero tus respuestas con mucho interés. Un cordial saludo.

  6. Sí, Pablo, claro que me acuerdo.

    No he podido leer la discusión entera. Sí me llama la atención un detalle muy técnico y concreto: con la digitación alemana en la mayoría de las piezas (que naturalmente estarán en do mayor) se obliga al flautista a apurar la extensión hasta el límite por abajo (el do grave, vamos) en principiantes. A mí eso me parece más difícil que usar un sol mayor con tesitura, digámoslo a la gregoriana, plagal.

    Saludos a todos y en particular a Pablo, claro.
    JR

    • Discúlpame, pero no te entiendo… ¿quieres decir que con la digitación barroca es más fácil de tocar un do grave?

      Recibido ese saludo 🙂 Echo tanto de menos ir a ver a la OBS… y pensar que ahora estarías tú en el escenario… Ya te vale…

      • Jeje… Para verme en el escenario tendrás que oir a Accademia del Piacere. Con la OBS suelo hacer más bien conferencias y similares, en las que me lo paso muy bien, por cierto 😉

        No quería decir que sea más fácil el do grave con una que con otra, sino que mientras que con las de digitación barroca lo normal es empezar con obras en sol mayor, con las de digitación alemana lo natural es empezar con obras en do mayor, que por tanto caen en una tesitura muy grave (e incluso tienen la limitación de no poder cadenciar con sensible). Tal vez los vecinos lo agradezcan, pero no me parece lo ideal empezar a enseñar a tocar el instrumento por el do, el re y el mi graves.

        Un saludo

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