El desconocimiento sobre la flauta de pico

Flautas originales del siglo 18

Flautas originales del siglo 18

Muchas veces las personas que estudiamos la carrera de flauta de pico nos encontramos con ciertos tabúes y opiniones preconcebidas respecto a nuestro instrumento. Nos topamos con preguntas como: “Ah, pero ¿la flauta de pico es una especialidad? ¿La del cole?”. Se podría pensar que esta frase puede estar en boca de una persona que no entienda mucho de música o viva alejada de la influencia de músicos y conservatorios. Sin embargo, esta frase se oye indistintamente entre no músicos y personas que dedican su vida a la música. Más de un compañero del conservatorio se mira extrañado (y ésta es una de las razones por las que escribo este artículo, además del desconocimiento del instrumento por parte del público en general) ante la afirmación de que sí, la flauta de pico es un instrumento como otro cualquiera, que tiene un extenso repertorio que abarca al menos seis siglos de historia y cuya dificultad no es, ni de lejos, la que la mayoría asocia con la “flauta del cole”.

Grupo de escolares tocando la flauta de pico

Grupo de escolares tocando la flauta de pico en su versión plástica

Se pueden enumerar muchas razones por las que la flauta de pico parece estar infravalorada en algunos contextos respecto a otros instrumentos. La primera de todas no debería sorprendernos, es el primer contacto que tiene la mayoría de la gente con este instrumento. Sí, esa flauta soprano de plástico de digitación alemana, acompañada de un estuche verde y con una varilla negra en cuyo extremo hay una especie de espumilla verde que parece servir para limpiarla. Puede suponerse que si un instrumento puede aprenderse en el colegio, a tan temprana edad, es por tanto fácil. Sin embargo, ha de considerarse que esta flauta de plástico, con digitación alemana y en su versión de alrededor de 1 € que podemos encontrar en superficies comerciales, papelerías o supermercados, es un producto industrial contemporáneo, un “engendro maligno, producto residual de la Revolución Industrial y el capitalismo, fabricado en plástico con pésimos resultados sonoros y musicales, y concebido para su producción en masa y el enriquecimiento multimillonario de un empresario probablemente sordo y amoral”, según Vicente Parrilla, que nada tiene que ver con las versiones históricas del instrumento construidas por lutieres artesanos en una tradición ininterrumpida desde, al menos, el siglo XIV hasta el XVIII, y que vuelve a resurgir en el siglo XX. La flauta plástica versión colegio es un juguete fácil de adquirir, muy económica y, además, para un niño no resulta difícil sacarle sonidos (aleatorios), de ahí que esté tan extendida en los colegios. [Actualización del 18-8-14: el artículo se refiere, lógicamente, solo a los modelos de baja calidad mencionados anteriormente, no a todas las flautas de plástico del mercado, ya que hay modelos muy buenos. Para que no quede ninguna duda hemos publicado un nuevo artículo especificando una lista de modelos de plástico recomendados]. Con la flauta de la izquierda vemos cuál es la imagen que se viene a la cabeza cuando gran parte de la gente piensa en nosotros:

Flauta escolar vs flautas del siglo 18

Izquierda: “flauta” escolar | Derecha: flautas originales del siglo 18 (izquierda: anónima; centro y derecha: flautas de Johann Wilhelm Oberlender, Núremberg, s. 18) conservadas en el Musée de la Musique de París

La mayoría de las fábricas producen hoy millones de reproducciones en plástico de nula calidad que aun permitiendo la emisión de sonidos (de afinación aleatoria, eso sí), ser asequibles y fáciles de transportar (¿quién quiere cargar aún más la mochila de un niño?), no se adecúan ni siquiera para una enseñanza escolar, ya que simplemente no funcionan bien, no están afinadas ni adaptadas para niños.

“Que sean asequibles, ligeras y puedan producir sonidos indeterminados no significa que sirvan para la enseñanza escolar. Los escolares deberían usar un instrumento bien diseñado y con un funcionamiento correcto, de igual forma que, por ejemplo, el bus escolar que los transporta debe cumplir la normativa de seguridad, y el menú escolar debe adaptarse a las necesidades nutricionales y buscar una dieta sana y equilibrada”.
—Vicente Parrilla

La superabundancia de estos especímenes de alrededor de 1 € y la relativa escasez de flautistas de pico profesionales hacen que la gran cantidad de tipos y modelos de flautas históricas que existen pasen desapercibidos para el gran público.

Dan Laurin

El virtuoso flautista sueco Dan Laurin

El caso contrario a las multinacionales que fabrican en serie usando moldes y resina o plástico son los constructores que realizan sus flautas a mano, siguiendo una tradición artesanal que se remonta, al menos, hasta la Edad Media, y produciendo un número muy reducido de ellas, pero en muchas ocasiones (no siempre) de una calidad inigualable y con un cuidado extremo. La construcción de una flauta no es precisamente un trabajo fácil, al contrario de lo que podría pensarse. Un caso, entre otros, sería el de Bob Marvin.

Bob es uno de los mejores constructores de flautas del momento, vive casi incomunicado en Canadá, y por suerte, nuestro conservatorio tiene el privilegio de contar con un consort de flautas renacentistas suyas, que nos permite aprender a tocar con unos instrumentos de máxima calidad y con los que pocos centros de enseñanza del mundo tienen la suerte de contar.

Consort de flautas renacentistas de Bob Marvin del Conservatorio Superior de Sevilla 01

Consort de flautas renacentistas de Bob Marvin del Conservatorio Superior de Sevilla

Éste es también un aspecto que nos perjudica, ya que en los propios conservatorios las flautas con las que se cuenta normalmente no son las que se necesitan para una enseñanza profesional o superior. Muchas veces son flautas de plástico (que, aunque puedan ser buenas, no son las ideales en el contexto de las enseñanzas profesionales o superiores de un conservatorio) o del lutier que en su momento ofreció mejores precios, y son instrumentos que no cumplen los requisitos necesarios, y más que servir como una herramienta en la enseñanza hacen que los alumnos desaprendan o aprendan mal por no tener la calidad ni ser el tipo de instrumento requerido para una enseñanza profesional.

Otro de los aspectos que hace que la flauta de pico pase a veces desapercibida hoy en día e incluso sea en gran medida ignorada por el gran público es el hecho de que no es un instrumento sinfónico, algo que también ocurre con los demás instrumentos de música antigua, pero que en el caso de la flauta de pico es más grave ya que ésta no cuenta con una versión moderna orquestal, como sí ocurre con casi todos los demás instrumentos antiguos (por ejemplo, la flauta travesera, el oboe, el violín, etc). Conocemos de memoria los integrantes de una orquesta, y vemos que en ella no se nos encuentra por ningún lado. De este modo, resulta natural que se tenga más en mente los instrumentos que la forman. Son las agrupaciones que más acostumbrados estamos a escuchar y que en más anuncios y carteles podemos encontrar hoy en día, y es que el mundo de la flauta de pico es realmente pequeño. Por cada flautista de pico profesional en el mundo hay millones de otros instrumentistas como violinistas, pianistas, cellistas… Ante la imposibilidad de estar incluida en una orquesta sinfónica (principalmente por dos motivos: el volumen de su sonido no es tan fuerte como para que se pueda oír entre tantos instrumentos sinfónicos de gran sonido, y al no tener un sistema de llaves como los instrumentos modernos, las tonalidades con muchas alteraciones son mucho más difíciles de ejecutar) los compositores del siglo XIX no componen obras orquestales para flauta de pico. Sin embargo sí hubo un instrumento que evolucionó a partir de la flauta y se hizo muy popular en el siglo XIX en Viena, el csakan.

El csakan, un instrumento del siglo XIX

El csakan, un instrumento del siglo XIX

Este instrumento refleja un diseño inspirado en las flautas de los pastores de Hungría, y tiene forma de bastón y llaves. Se le atribuye a Anton Heberle su invención y llegaron a componerse alrededor de 400 piezas para este instrumento (solos, dúos y piezas con acompañamiento de piano y guitarra). A través de este instrumento la flauta de pico cuenta con representación durante el siglo XIX.

Vemos así que el repertorio clásico que estamos acostumbrados a escuchar es aún hoy el más popular entre los aficionados a la música clásica (y en el que la orquesta sinfónica es la gran protagonista). De aquí deriva otro aspecto por el que la flauta de pico también parece estar condicionada. A primera vista, y a juzgar por el repertorio que suele trabajarse en los conservatorios, parecería que nuestro repertorio se limita a los siglos que comprende el Barroco y que fuera de este periodo la actividad de la flauta de pico cese. Sin embargo, esto está muy alejado de la realidad, tenemos repertorio al menos desde el siglo XIV hasta el XXI. Estando prácticamente ausente, a excepción del repertorio para csakan, durante el Romanticismo y Clasicismo en el siglo XIX.

Tenemos un repertorio amplio en el tiempo y muy variado que no tienen la mayoría de instrumentos sinfónicos, que cuentan con un repertorio de dos siglos (del Clasicismo, siglo XIX, al siglo XX) a diferencia de la flauta de pico, cuyo repertorio abarca al menos seis siglos (del XIV hasta el XX, más lo se ha escrito ya en el XXI). Contamos con obras de casi todos los estilos, y esta característica de nuestro instrumento es a veces desconocida incluso por los propios intérpretes durante buena parte de su etapa de formación. Puede suceder que, como estudiante de flauta, pases de grado medio a enseñanzas superiores y en ese momento te des cuenta de que el repertorio que has estado tocando corresponde a obras que sólo abarcan algunos estilos y siglos de entre todo el repertorio disponible. Normalmente (y no es que sea lo adecuado) durante los estudios de grado elemental y medio de un conservatorio español se tocará un repertorio fundamentalmente barroco; en grado medio se añadirán algunas piezas del siglo XVI, y como mucho, alguna obra contemporánea como novedad en el repertorio. Es por esto que al llegar a un grado superior te sorprendes al ver cómo conoces algunos estilos mucho más que otros, e incluso al descubrir que el adentrarte en esos otros nuevos estilos te ayuda a descubrir nuevos repertorios entre los que quizá, más tarde, se encuentre tu preferido y en el que te especialices.

La agrupación The Royal Wind Music con una variada colección de flautas

La agrupación The Royal Wind Music con una variada colección de flautas

Como hemos dicho anteriormente, uno de los motivos por los que no se usa la flauta en repertorios más tardíos es la menor potencia de su sonido comparado con los instrumentos desarrollados en los siglos XIX y XX. La flauta no tiene un sonido tan potente como lo puedan tener otros instrumentos modernos, y para lograr pianos y fortes requerirá de técnicas de articulación y digitaciones alternativas para obtener el mismo sonido a distintas dinámicas pero siempre afinado. Vemos que, contra todo pronóstico, el sólo soplar nos es totalmente insuficiente en la flauta si no lo acompañamos de otras muchas técnicas que ayudarán en la interpretación de la obra y la calidad del sonido. Esto es sólo un atisbo de las dificultades que realmente entraña la flauta de pico, algunas de las cuales no tienen otros instrumentos, ya que su estructura les permite suplirlas mediante llaves u otros métodos.

Falta mucha labor de divulgación, expansión y de dar a conocer los distintos modelos de flauta que existen al público

Realmente, el mundo de la música antigua, y en particular el de la flauta de pico, es muy reducido. Falta mucha labor de divulgación, expansión y de dar a conocer los distintos modelos de flauta que existen (históricos y modernos) al público, porque, no nos olvidemos, otros intérpretes de instrumentos modernos sólo necesitan un modelo de su instrumento, sin embargo en el campo de la flauta de pico —un instrumento presente en la historia de la música occidental como mínimo desde el medievo— cada intérprete debe tener varios modelos de flautas para poder tocar en determinadas afinaciones o ya no sólo por eso, sino que dependiendo de la época de la obra que se toque se precisa un modelo u otro. De esta manera vemos que los intérpretes necesitan una gran versatilidad y flexibilidad para poder tocar varios modelos con características, digitaciones y afinaciones distintas.

Distintos modelos de flautas

Distintos modelos de flautas cuyo uso varía dependiendo de la época de la obra. El tocar obras de un nuevo repertorio también implica, para un estudiante, usar modelos que hasta ese momento nunca había tocado.

Detrás de un instrumento aparentemente simple podemos ver la gran complejidad que entraña y la riqueza de su repertorio y de su historia

Descubrimos así que hay muchos hechos circunstanciales que han hecho que hoy la flauta se considere a veces en un plano inferior a otros instrumentos, desde algunas de sus características específicas, no siempre las más adecuadas en todas las épocas, hasta aspectos pasajeros como simples modas o los cambios en el tamaño de las salas de concierto, que comienzan a aumentar considerablemente ya desde el siglo XVII con el nacimiento de la ópera y han continuado haciéndolo hasta hoy en día para acoger a las orquestas sinfónicas. Sin embargo, las apariencias engañan, y a poco que nos asomemos a su historia descubriremos que detrás de un instrumento aparentemente simple nos encontramos con la gran complejidad que entraña y la riqueza de su historia, de su repertorio y de su papel en la historia de la música occidental, algo que los flautistas debemos hacer llegar al gran público para evitar que una de las primeras asociaciones que hagan al pensar en la flauta sea su imagen escolar, por extendida que ésta esté, y éste es el principal propósito de este artículo.

Los conciertos, obras, grabaciones y los distintos modelos históricos y modernos de flauta de pico reflejan una gran belleza que hoy parece ser ignorada por el público general, y que, a poco que nos adentremos en su mundo, nos dejará totalmente cautivados.

Distintos modelos de flautas originales del Musee de la Musique de Paris - siglos 16-18

Distintos modelos de flautas originales conservadas en el Musée de la Musique de París – siglos 16-18

→ Actualización del 18-8-14 (ya aparece en la mitad del texto, pero la añadimos de nuevo aquí por si acaso): el artículo se refiere, lógicamente, solo a los modelos de baja calidad mencionados anteriormente, no a todas las flautas de plástico del mercado, ya que hay modelos muy buenos. Para que no quede ninguna duda hemos publicado un nuevo artículo especificando una lista de modelos de plástico recomendados.

→ Más información relacionada con este artículo en este enlace.

10 pensamientos en “El desconocimiento sobre la flauta de pico

  1. Obviamente todo profesional intenta darle importancia a lo que hace, pero no por eso vamos a dejar de ser objetivos. Escribo como profesor de flauta dulce poseedor de dos diplomas en este instrumento y no puedo dejar de decir que varias afirmaciones de este artículo no son objetivas. La flauta dulce no posee un repertorio original comparable al de la mayoría de los instrumentos antiguos sino mucho menor. Basta tomar como ejemplo que Telemann (uno de los autores barrocos importantes que más escribió para la flauta dulce) compuso una suite para flauta y cientos para otros instrumentos. Lo mismo se puede decir sobre Vivaldi y sus conciertos y sobre casi cada compositor salvo raras excepciones. La flauta dulce desde el medioevo al barroco nunca fue un instrumento que algún músico profesional pudiera utilizar como único medio de trabajo, los flautistas siempre tocaban otros instrumentos además (es más, normalmente tocaban la flauta como segundo, tercer o cuarto instrumento), mientras muchos otros instrumentos sí podían ser una especialidad única profesional (incluso en el caso de otros instrumentos de viento, como la trompeta, el trombón o el cornetto). La idea de ser un profesional de la flauta que sólo toca flauta fue inventada en el siglo 20 y no es sorprendente que cueste defenderla dado que es nueva y dado que hay una evidente sobrepoblación de flautistas (muchos de los cuales son realmente muy buenos). Con respecto a las flautas de plástico es cierto que existen muchísimos modelos económicos de baja calidad pero también es cierto que existen modelos de madera hechos por Luthiers de pésimo nivel. También es cierto que varias compañías producen modelos de plástico a precios muy razonables y de muy buen nivel. Leyendo este artículo pareciera como si todas las flautas no hechas de madera fueran carentes y definitivamente no es el caso. La lista podría seguir pero creo que estos elementos bastan para ejemplificar que hay que ser objetivos a la hora de analizar y defender lo que hacemos.

    • Yo creo que el artículo es 100% objetivo. La flauta tiene un abundante y variado repertorio (que se lo pregunten a mis más de 30 archivadores que adornan mi salón). Luego, tiene razón en que la mayoría de las flautas más conocidas en el cole son una auténtica “M”. Es verdad que hay flautas de plástico que están bien, pero no las usa ni el “tato”. Bueno, que a mí me ha gustado mucho. Lo que me alucina es que los flautistas de pico estemos siempre flagelándonos con el problema de que nos infravaloran socialmente. La solución no es llorar o agarrarse a esa idea como excusa a una posible derrota profesional. Lo que creo que hay que hacer es currárselo mucho y dedicarse en cuerpo y alma a aquello en lo que confías. Un abrazo y felicidades a la redactora.

      • Muchas gracias Joaquín, todo un honor que uno de los que fue profesor mío esté de acuerdo con el artículo. Un saludo.

  2. Hola Ricardo:
    Me resulta extraño que hayas entendido que Alba esté diciendo que la flauta de pico tenga un repertorio mayor que el de sus compañeros antiguos. Yo creo que se refiere, en el sentido de más variado o de que abarca más épocas, al repertorio de los instrumentos modernos, que tienen un repertorio solamente de los ss. XIX y XX. Por otra parte me resulta curioso que para demostrar que la flauta tiene menos repertorio que otros instrumentos escojas el período del barroco, ya que todos los flautistas sabemos que en el barroco el uso de la flauta de pico comienza a descender (como el de la viola da gamba o la corneta, por ejemplo). Sin embargo no apuntas a que en el Renacimiento era un instrumento importante.
    De todas maneras, ni yo aquí, ni Alba en su artículo pretendemos demostrar que la flauta fuese más importante que ningún otro instrumento (lo que me parece una discusión inútil). Lo que creo que está intentando explicar Alba es que hoy en día mucha gente solo conoce su faceta escolar, cuando tiene un pasado tan extraordinario y rico desconocido para el gran público e incluso para muchos músicos profesionales de instrumentos modernos, no que haya sido el instrumento más usado en la historia de la música. Respecto a que “la idea de ser un profesional de la flauta que sólo toca flauta fue inventada en el siglo 20 ”, tengo entendido que básicamente todos los instrumentistas (viola da gamba, corneta, flauta de pico, traverso, bajón, oboe, etc.) tocaban dos instrumentos o más en el Barroco-Renacimiento-Medievo (¿quizá se libra el teclista? O quizá el clavecinista también disfrutara a veces del órgano, y en la intimidad del monacordio). Dices que “muchos otros instrumentos sí podían ser una especialidad única profesional”. Ya que pides que seamos objetivos, creo que tú también deberías demostrar tus afirmaciones. ¿Cómo saber si alguien tocó o dejó de tocar, si quiera temporalmente, otro instrumento? Me suena a generalizaciones de libro de texto anticuado. Por otro lado, la especialización en un solo instrumento es lo más común hoy en día entre los músicos profesionales, no es algo que solo ocurra con la flauta de pico. Entre los diversos motivos se encuentra el alto nivel de exigencia que persigue la mayoría de los conservatorios, tanto a nivel técnico como de amplitud de repertorio: no olvidemos que nuestros colegas del Renacimiento y Barroco solo tocaban su música, la de su momento, y ya está. Lo que cuesta defender (por desconocimiento generalizado), y lo que creo que está intentando Alba es lo que dije antes: hacer llegar al público su faceta artística y profesional, que tiene que competir con la distribución masiva de instrumentos de pésima calidad entre miles de escolares, que son muchos más en número que quienes se dedican hoy de forma profesional a cualquier instrumento de música antigua. En ningún lugar veo que diga que hoy se pueda o se deba ser músico profesional “solamente” tocando la flauta sin más especializaciones (que también). ¡Enhorabuena por tu artículo Alba! 🙂

    • Muchísimas gracias Milena, tu comentario es exactamente lo que quería decir en mi artículo, espero que no se vuelva a malinterpretar ni sacar lo dicho de contexto.
      Un abrazo.

    • Alba dice “Tenemos un repertorio amplio y muy variado que no tienen la mayoría de instrumentos”. Esto se puede entender de muchas maneras, pero difícilmente una de ellas va a ser la realidad objetiva, que es que la flauta dulce tiene un repertorio original para ella muy inferior en volumen que el del violín, el de cualquier tipo de viola, el para el laúd y el de la mayoría de los demás instrumentos. Pueden ser varios estantes de una biblioteca, como comenta alguien en Facebook, puede ser una sala entera incluso, pero sigue siendo menor en comparación a lo que otros instrumentos poseen. Es más, el catálogo de obras para flauta dulce desde hace años cuenta con más obras contemporáneas que antiguas y esos son números inobjetables (fuente: Kees Boeke). Las fuentes que nos permiten ver que la flauta dulce desde el medioevo al barroco no era tan popular como lo es hoy son la cantidad de instrumentos preservados en los museos en comparación a otros (de la época medieval tenemos poquísimos ejemplares que en casi nada se parecen a las flautas que hoy en día se suelen usar para esa música), la iconografía (por cada cien trombones y trompetas de los frescos renacentistas con suerte encontramos una flauta), los registros de pago de los instrumentistas en todas las capillas y castillos (casi no hay referencia a flautistas mientras violinistas, continuistas, cantantes, cornettistas, trombonistas, trompetistas y bajonistas sobran), las descripciones de celebraciones con lujo de detalle sobre las instrumentaciones utilizadas (las flautas aparecen esporádicamente en relación a casi cualquier otro instrumento) y la forma en la cual la flauta aparece en el repertorio (generalmente el aria con flautas de una cantata coincide con la única pausa para los oboístas en toda la obra). Basta investigar y ver las fuentes con honestidad.

    • Con respecto a la existencia -o menos- de profesionales dedicados exclusivamente a la flauta o a otros instrumentos desde el medioevo al barroco basta investigar las fuentes que tenemos. Aparte de los mencionados registros de pago tenemos estuches originales de instrumentistas, que en el caso de los vientos contienen casi siempre espacios para diversos tipos de instrumentos. Exclusivamente dedicados a las flautas tenemos sólo estuches de consort, la mayoría de los cuales (dadas las inscripciones y las decoraciones) sabemos que no eran de músicos profesionales sino de nobles y burgueses amateur (la flauta dulce sí era popular en ese ámbito, que no tiene nada que ver con el mundo profesional de la época). Por otro lado tenemos los nombres de los solistas famosos, “il cavaliere del cornetto”, “Giovanni Fontana dal violino”, “Laura pepenara dell’arpa” y muchos otros. Ninguno de ellos ostenta el título “del flauto”. Ganassi publica un importante libro dedicado a la flauta pero también otro para gamba y su rol en el palacio ducal de Venecia es “pifarista”, lo que implica que tocaba principalmente otros instrumentos propios de esa agrupación. El mismísimo van Eyck publica la colección más grande dedicada a la flauta dulce y sin embargo su titulo oficial era “carillonista” de la iglesia.

      • Ricardo, es cierto que la frase de Alba que citas es ambigua porque simplemente no está terminada, pero como no es un texto sagrado ni está publicada en un libro de un millón de ejemplares de tirada, seguramente la autora la completará en la web y no habrá lugar a dudas. Ya dije en mi comentario anterior (y luego confirmó la propia autora) que me parecía que la comparación se refiere a algunos instrumentos modernos, que cuentan con un repertorio de dos siglos, del clasicismo al siglo XX, a diferencia de la flauta, que tiene repertorio de seis (6) siglos. Como puede apreciarse, la frase se refería justo a eso, no a la cantidad de obras específicas para flauta (lo que por cierto es una visión moderna del repertorio, como comentaré a continuación).

        Es cierto que en el Barroco otros instrumentos tienen mucho más repertorio *específico* que la flauta de pico, pero no olvidemos que al propio de la flauta habría que sumar los numerosos casos en que los propios autores sugieren varias posibilidades de instrumentación para sus obras entre las que se incluye la flauta de pico, como por ejemplo las piezas de Hotteterre, en las que él mismo sugiere que además del traverso pueden tocarse también con el oboe, la flauta de pico, musette etc. (sí, habrá quien diga que era “solo” para vender más, pero ni siempre sería el caso ni siempre se puede demostrar).

        En el Renacimiento lo que predomina no es el repertorio específico para un instrumento, ya que éste se nutría en su mayor parte de música vocal a la que se añadían obras instrumentales específicas como ricercares o fantasías. Era pues práctica habitual interpretar cualquier obra vocal de manera instrumental, por lo que la amplitud del repertorio renacentista para cualquier instrumento (incluida la flauta de pico) se vuelve inmensa. Es lo que se conoce como repertorio compartido (“shared repertory”). De esta forma, cuando se dice que hay más obras contemporáneas que antiguas para flauta se está haciendo desde una visión moderna del repertorio, ya que la instrumentación específica es un concepto que, aunque siempre ha existido en alguna medida, comienza a extenderse en el siglo XVII. En el XVI, la mayor parte de publicaciones instrumentales responden a la necesidad de los instrumentos polifónicos de volcar en tablatura la música vocal, lo cual es puramente una necesidad práctica visual que no tenían los instrumentos melódicos (entre ellos la flauta), que leían de las propias fuentes vocales, lo que explica la ausencia de publicaciones específicas para ellos. Esto es lo que lleva a afirmar algunos, desde una óptica moderna, no histórica, que hay más obras contemporáneas (específicas, se pueden contar) para flauta que antiguas (no siempre específicas y no computan).

        No soy musicóloga ni he estudiado a fondo la iconografía ni los registros de pago del Renacimiento que se han conservado (que no son todos). Pero la obra de David Lasocki deja claro que la flauta de pico siempre estuvo ahí, en unas épocas más, en otras menos, y no era ni estaba vista como un juguete de niños como pasa hoy en día en el caso del público que no conoce su historia — y de eso trata el artículo de Alba.

        Casi todos los juicios que aparecen en tus comentarios se basan en datos de los ss. XVII y XVIII, cuando es opinión común que las épocas de mayor esplendor de la flauta son anteriores, especialmente el Renacimiento. Como ejemplo, los últimos artículos de Lasocki se centran bastante en la Edad Media (“Researching the Recorder in the Middle Ages.”; “The Recorder and Other Members of the Flute Family in Writings from 1100 to 1500”), y aportan datos que completarían una visión del instrumento basada principalmente en la época barroca. Casi todos están accesibles online de forma gratuita. También ha escrito 985 páginas sobre “Professional Recorder Players in England, 1540-1740 2 vol.” entre los que destaca la familia de los Bassano, que estuvo contratada por la corte inglesa como consort de flautas profesional y tocando también otros instrumentos, generación tras generación durante más de un siglo (“The Bassanos: Venetian Musicians and Instrument Makers in England, 1531-1665”). Y, por aportar otro detalle, parece dudoso que la complejidad rítmica de los passaggi que recoge Ganassi en Fontegara, su obra dedicada a la flauta de pico, pudiera ser ejecutada por flautistas inexpertos, y resulta extraño que habiendo hoy tal “sobrepoblación” de flautistas y tan “poco repertorio” nadie las toque hoy a menudo —¿quizá tenga algo que ver en ello su dificultad?—.

        La investigación honesta de las fuentes puede también derivar en hipótesis razonables en lugar de en verdades absolutas basadas en la información (siempre incompleta) que aportan los datos conservados, y los mismos datos pueden llevarnos a ver el vaso medio vacío o medio lleno. Y quién sabe si en épocas pasadas también fue frecuente lo que vemos que ocurre hoy en día tantas veces: músicos que aman la flauta de pico pero que se ven obligados a tocar otros instrumentos para ganar dinero como el fagot, la corneta o cualquier instrumento de bajo continuo.

  3. Creo que como flautistas profesionales debemos ser conscientes de que la infravaloración de la flauta hoy en día es un hecho en algunos ámbitos. Por desgracia, unos ámbitos no marginales, porque entre ellos se encuentra gran parte del público general y buena parte de los instrumentistas “modernos” e incluso “antiguos”. Pero también tenemos que tener claro que, generalmente, esta infravaloración coincide o es producto de un profundo desconocimiento del instrumento, de sus posibilidades y de su vertiente profesional, motivado, principalmente, por dos cosas:

    1. Una mera cuestión estadística: en cifras, lo que más abunda con diferencia —y por tanto lo que está más difundido y más se identifica con la visión que tiene buena parte del público— es la imagen escolar de la flauta. En otras palabras, la cantidad total de flautistas escolares actualmente en el planeta tierra podría estimarse en ¿cientos de miles? ¿millones?, mientras que la cantidad de flautistas profesionales a nivel internacional hoy en día es ínfima si se compara con la de guitarristas, pianistas, etc. y puede incluso subdividirse (en orden decreciente) en:
      • Flautistas considerados profesionales porque han terminado la carrera de flauta en un conservatorio (muy pocos comparados con cualquier otro instrumento moderno o sinfónico, ya sea de cuerda o viento)
      • Flautistas considerados profesionales porque, además de tener un título, tocan muy bien (reducción considerable respecto al apartado anterior)
      • Flautistas considerados profesionales porque, además de tener un título y tocar muy bien, tienen cierta actividad profesional ¿varios cientos en todo el mundo?
      • Flautistas considerados profesionales porque además de tener un título y tocar muy bien tienen una gran actividad profesional en salas de concierto internacionales: ¿10?
    2. ¿Cómo puede un colectivo tan pequeño cambiar la imagen que ha creado la ingente cantidad de escolares, amateurs o simplemente gente que ha comprado el engendro de plástico (al que siguen llamando flauta) que venden en el supermercado de la esquina por 1€ para jugar con él, soplar por la nariz (en el mejor de los casos) y echar unas risas? ¿Cuántos miles (millones) son en todo el mundo? ¿Contra 100? ¿Contra 10? Las cifras hablan por sí mismas.

    3. Una amplia representación de la flauta de pico por parte de un buen número de flautistas que, aun siendo profesionales o estudiantes en vías de serlo, a menudo, por desgracia, tiene escaso nivel musical, musicológico y técnico, que no consigue convencer ni ganarse el respeto de los colegas de otros instrumentos, y que continúan extendiendo la idea entre el público y los propios músicos de que el problema es el instrumento, en lugar del instrumentista. Este amplio grupo de flautistas con formación profesional pero no especialmente solventes, aunque menor en número que los amateur o escolares, tiene un papel delicado, ya que es el que tantas veces hace que público y músicos confirmen la teoría anterior, que evidentemente no comparto.

    En relación a este tema siempre me viene a la cabeza la idea de Stevenson que cita por Borges en el epílogo de Historia de la Noche sobre lo “absurdamente inadecuada” que resulta “la materia de que dispone” el poeta para proyectar emociones, el lenguaje:

    “¿Qué hacer con las gastadas palabras —con los Idola Fori de Francis Bacon— y con algunos artificios retóricos que están en los manuales? A primera vista, nada o muy poco. Sin embargo, basta una página del propio Stevenson o una línea de Séneca para demostrar que la empresa no siempre es imposible”.

    De la misma forma, si pudiéramos encontrar tan solo un/a solo/a flautista que tocara el instrumento con elocuencia, expresividad, inventiva, gracia, etc., además de con las demás cualidades básicas que debe tener cualquier instrumentista (afinación, ritmo y buen sonido, entre otras cosas), podríamos probar que si una interpretación con flauta de pico no reúne las características anteriores, no sería a causa de la flauta sino del/a flautista — Y aquí vienen las buenas noticias: ¡hay más de un flautista que consigue tocar con esas cualidades! Ahí van algunos nombres: Memelsdorff, Laurin, Steger, Brüggen, van Hauwe, Boeke…

    Dicho esto, estoy de acuerdo con Joaquín en que lo que tenemos que hacer es producir trabajo de calidad (como todo el mundo), y también ocuparnos de divulgar el lado menos conocido de la flauta. Creo que el artículo de Alba es un intento en ese sentido.

    • Estimado Vicente, está claro que las cifras netas de profesionales dedicados a otros instrumentos, como el violín, son más grandes que las de los profesionales dedicados a la flauta dulce. De todas formas, la sobrepoblación o menos de un ámbito profesional (musical o no) no se mide en cifras netas sino comparando estos números con el requerimiento que hay en el mercado de tal categoría de profesionales. Como Alba dice, no hay flauta dulce en las orquestas sinfónicas ni de cámara (salvo como eventual invitado solista y en otras raras excepciones) y por ende el mercado para los flautistas profesionales es mucho menor que el de la mayoría de los otros instrumentos que sí tienen cabida estable en las formaciones modernas. Si investigamos los foros de discusión de los violinistas vamos a ver que el tema predominante es la mala calidad de las orquestas y el trato a sus integrantes, condiciones contractuales con los teatros, horarios de trabajo, etc. Si investigamos los foros de discusión de flautistas dulces encontramos precisamente discusiones como esta, donde los flautistas intentan decir que son más importantes de lo que la realidad dice y luchan por abrir un espacio más grande que el que el mercado les deja por el momento (lo que no quiere decir que el mercado sea correcto, justo ni feliz, pero tampoco lo era en el renacimiento).

Los comentarios están cerrados.